23Sep

Aprendizajes al galope

Termino las clases de equitación con agujetas en músculos que ni si quiera sabía que formaban parte del cuerpo humano, al menos del mío. Después de un año sigo sin lograr subirme con un mínimo de dignidad… Estas y otra serie de catastróficas desdichas, no impiden que esté feliz de haber empezado a montar a caballo. Toda la vida queriendo hacerlo, y el momento llegó el año pasado.

Además, montar es espiritualidad aplicada. Mucho más que un maratón de meditaciones de Osho.

Un básico: aquí y ahora

Montar a caballo es mindfulness en estado puro.

Cuando estoy en clase, estoy. Es completamente imposible que se vaya la cabeza a otro sitio; ni del pasado, ni del futuro, ni de otro planeta ni de este. Tengo que estar pendiente de trescientos cincuenta millones de detalles: “esa espalda, saca pecho, los hombros atrás, no quiero culos de avispa, junta las manos, no hagas esas cosas con las riendas”, intentar tocar al caballo con los talones, con la esperanza de en algún futuro remoto mandarle sólo a base de presiones con las piernas, coordinar la mano y la pierna justa para que gire como tiene que girar…

Así como aprender a conducir, pero elevado al cubo y en vez de con una máquina con un animal, que tiene sus planes y no tienen porqué coincidir con los tuyos.

¿Te das cuen?

Sólo puedo mejorar aquello de lo que soy consciente que hago mal. Que parece una chorrada, pero no. ¿Cómo cambiar algo que no se que hago mal? El darse cuenta está completamente unido al aquí y ahora. Sólo si no divago soy capaz de notar si he dicho “so” antes de echar el cuerpo para atrás, si llevo la espalda lo suficientemente recta, si estoy siendo demasiado brusca con las riendas…

Exigencia y tolerancia

caballoSoy muy fan de Manolo. Es un crack, que tiene más psicología que muchos que yo conozco.

Exige mucho. Exige actitud, presencia, consciencia, firmeza, energía y entrega. El día que me dice que he hecho una clase “bastante aceptable”, me dan ganas de correr a escribirlo en mi diario, actualizar el estado de Facebook, poner un tweet y mandar un whatsapp a todos mis contactos para celebrar semejante acontecimiento. Y luego entrar en esos bares del mundo gritando: “¡Está ronda la pago yo, que he hecho una clase aceptable!”

Pero a la vez que valora el esfuerzo y saca algún tipo de placer perverso en que no te puedas mover en tres o cuatro días de las agujetas, anima a ser paciente y tolerante con lo que no sale. Sabe que fustigarse por lo que no te sale bien, solo retrasa el momento de lograrlo. Mientras te des cuenta de lo que no haces, todo va bien; ya lo harás.

Actitud a raudales

“Empújame esa yegua” La actitud es fundamental para llevar al caballo. Por mucho que lleve una fusta, si no tengo actitud de dominatrix el caballo me toma por el pito del sereno. Tengo que mandar. Y para mandar, lo primero es creerme que puedo hacerlo. Es alucinante como cambia la respuesta del caballo según estés, cómo perciben la energía, la actitud y hasta los pensamientos y responden a ellos.

Un poquito de flow

Hay momentos mágicos, en los que todo sale. Eres uno con el caballo, no piensas nada, te relajas, es fácil, fluido, sólo disfrutar. En mi caso estos instantes duran tan poco que necesitaría un reloj atómico para medirlos, pero son la hostia. Siento ser vulgar, pero cualquier otra expresión se queda corta. De hecho, debería haberlo puesto en mayúsculas SON LA HOSTIA.

Verdad verdadera

Me puedo intentar autoengañar todo lo que me de la gana, pero ni con el caballo (ni con Manolo) voy a conseguir que cuele. Si tengo miedo, lo notan. Si no confío en que puedo galopar, lo notan. Si no tengo la postura adecuada y voy sin poderío, lo notan. Si por alguna extraña causa una neurona es capaz de desmandarse y pensar en algo que no sea el caballo, lo notan. Y en mi cabecita loca me puedo poner las excusas que quiera, como “No, no, si no tengo miedo, lo que pasa es que justo tengo un tirón en la pierna“, “No, que va, voy supertranquila; me agarro a las riendas como a un salvavidas, pero soy puro relax“…. La realidad es que estoy cagada de miedo. Lo saben Manolo y el caballo, los dos. Y más vale que espabile y lo admita rapidito, para poder cambiarlo.

Mozas, un consejo importante para terminar

Si vas a empezar a montar a caballo, me gustaría darte un consejo con el que espero ahorrarte un aprendizaje doloroso. Por experiencia te digo que:

no montes con tanga

Si tienes algún consejo importante para jinetes, por favor, déjalo en los comentarios… las hueverías te lo agradecerán. 😉

* Si parada se me pone esa cara de velocidad, ¡imagínate al galope! Lo mismito que si estuviera despegando de Cabo Cañaveral.

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7 comments

  1. Que importante esto del caballo para ti.
    Gracias por escribir tan bien.

  2. La verdad? Me he reído un montón con tu artículo. Y porqué? Pues por que me he sentido muy identificada. Ha sido genial, te doy la enhorabuena.
    Solo una pequeña discrepancia: yo monto con tanga y mi culo esta perfecto!!!!!

    • Silvia Alegría

      Jajajajajaja… muchísimas gracias, Claudia. Tomo nota, que igual ese día lo llevaba un poco movido 😉

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