Pacífico Sur

Justo tras publicar una entrada renegando de los vídeos, voy y publico una que sólo tiene un vídeo. Así que aclaro que no me gustan los “sin sentido” ni necesidad, en los que la imagen no aporta nada.

Porque hay otro tipo, como este documental sobre el inmenso océano Pacífico, con imágenes de una belleza hipnótica. Mira hasta el minuto 5:44 y dime si me equivoco.


El día que me abandoné

El día que me abandoné, fue exactamente igual a los demás; no lo advertí, no me di cuenta. No recuerdo la fecha exacta, pero tiempo después, entendí que había sucedido sin yo haber hecho nada para evitarlo.

Me dejé sola poco a poco, cuando comencé a callar en vez de decir mi verdad en la cara por miedo al rechazo. Cuando escondí o mostré menos mis dones por no querer ser juzgada como presumida. Cuando aguanté y aguanté hasta que por cualquier nimiedad exploté de ira y me enfermé, o maltraté a quien no debía o simplemente cuando un nudo de angustia me ahogó la garganta y me dejó sin voz.

Recuerdo que una vez vi de cerca mi propio abandono, cuando por subestimarme seguí abriendo puertas en las que del otro lado no había absolutamente nada y caí al vacío. Me pregunté el por qué y entonces supe sin ningún replanteo más, que me había desamparado y como consecuencia, fui recordando uno a uno todos los episodios en los que me dejaba más y más sola. Es que quizás me puse una máscara para que no me vieran realmente, tal vez se pegó demasiado en mi verdadera piel y me acostumbré, entonces sentía dolor cuando nada extraño me había sucedido, pues mi yo real se estaba queriendo despegar de la careta. Y se despegó tanto que no la vi caer, entonces mi antifaz prevaleció ante mi verdadero yo y lo confundí con lo que soy.

Allí, en algún lugar está solo mi verdadero yo. Sé que es imposible deshacerse de las ilusiones de lo que creemos que somos, pero quiero recuperarte, encontrarte. Decirte que quiero pedirte perdón por no dejarte ser, por no dejarte salir y que cuando finalmente lo hice fue para dejarte sola, a un lado. Quiero decirte también que cada una de mis lágrimas valió la pena y que aunque no recuerde la fecha exacta de cuando te dejé sola, el día de hoy jamás lo voy a olvidar. Quizás todavía estés en algún lugar debajo de un inmenso árbol acurrucada, sintiendo los rayos del sol en la cara. Porque así eres, simple, verdadera, pura, oscura y luminosa al mismo tiempo y yo no te supe ver, o no me animé.

Tal vez estés ya muy lejos, en un lugar, tomando un poco de aire en alguna orilla de algún mar, ese que yo también amo. Quiero hacerte saber que te voy a estar esperando, esta vez con calma, sabiendo soltar, aceptando, y que agradezco todo lo que estoy aprendiendo día a día, aunque cueste. Me gustaría que sepas que son muchas las piedras que puse en mi camino para no dejarte llegar, yo pensaba que mi corazón estaba en paz pero no era así, algo faltaba, algo no terminaba de cerrar en mí y ahora descubro que todavía faltan muchos aprendizajes por vivir, pero no quiero hacerlo sola, ya no.

Quiero que caminemos juntas y que cuando me pase de excéntrica o mi ego me haga trampas, tú estés para tomarme de la mano y mirarme a los ojos para hacerme regresar, porque no me quiero volver a ir nunca más. O que cuando sienta que alguna tristeza quiera nublar mis sueños, estés para abrazarme y decirme al oído que no me rinda.

También sería maravilloso que cuando por miedo yo intente opacarte o no dejarte ver, me infundas el coraje que sé muy bien que tengo guardado en mi alma, porque ya ves, solas no podemos, nos necesitamos, el mundo se pone demasiado ruidoso cuando no nos tenemos, quiero volver a compartir el silencio juntas, así, como cuando antes de saberte lejos, te quedabas esperando, ahí, muy quieta, a que mi mente callara para así estar conectadas. Te necesito, ya no quiero perderte.

De pronto una luz se encendió dentro mí aunque no sé dónde. Lloré agradecida porque ¡aquí estás, jamás te fuiste! GRACIAS

Autora: ƝƛƬƛԼƖƛ ԼЄƜƖƬƛƝ (Natalia Lewitan)

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