13Feb

Con el seguro hemos topado

Es la historia, no de un amor como no hay otro igual, sino de una humedad que se convirtió en un baño levantado y que lleva camino de volverse La historia interminable.

Finales de noviembre

¡Anda! Parece que hay una humedad en el cuarto de estar. Es el la pared que lo separa del baño, justo en el mismo sitio en que salió hace unos seis meses. En ese sitio que se supone que habían arreglado. Llamo al casero:

– Yo: “F, ha vuelto a salir la humedad de la pared.

– F: “Vaya, mañana llamo al del seguro.”

Y ya. Que no tenemos mucho más que contarnos.

Primeros de diciembre

Voy a pagar el mes y recuerdo a F que la humedad sigue ahí, extendiendo poco a poco sus dominios de pintura desconchada. Ahora, además de en el salón, está volviendo a aparecer en mi dormitorio (esta palabra me suena a catálogo de muebles).

Entre pitos, flautas, que yo tengo tendencia a la dejadez y que F tendría que comer rabitos de cerezas, pasa el mes y la gotera sigue su lenta aunque inexorable expansión.

5 de enero

Por fin los del seguro se dignan a mandar a un fontanero. Mira tres cosas en un momentín y dice que la gotera no es de la ducha ni de la taza ni de nada que pueda verse fácil. Con las mismas se va. Como es mañana martes es Reyes, pues total, que esta semana está inutilizada y mejor ya viene el lunes que viene.

11 de enero

Una vez pasadas las fiestas, vuelve el mismo propio del día anterior. Le dejo haciendo sus cositas de fontanero y me voy. Cuando vuelvo a casa de trabajar me encuentro que parte de sus cosas de fontanero pasaban por romper el suelo y levantar muchas baldosas. Ahora parece ser que la fuga de agua no es mía y que será de la casa de arriba o de la comunidad o de vete tu a saber. Hasta que no venga el perito a verlo no puede hacer nada, no sea que no se lo paguen. Así que se va y me deja con el suelo de arena, tapado con un saco y algunos unos cartones y la bajante al aire.

16 de enero

Viene el dueño de la casa, que no es el mismo que el casero, con un amigo. “¿Ves? Cae agua.” “Si, si, esto es viene de arriba”, se dicen el uno al otro poniendo cara de interesantes y de que saben mucho de tuberías. Se van, con la promesa de que el seguro, algo así como el Santo Grial, ya si que si va a arreglarlo. Mucho seguro en danza, pero yo sigo con el suelo de arena de obra y cartón.

16 de enero

Viene el perito. Como a todos, le digo que venga antes de las 10, que es cuando me voy de casa. Me estoy acostumbrando a desayunar con público. Mira el baño, hace fotos. Dice que debe ser de arriba, y que si es de arriba eso no les corresponde a ellos. Que será el seguro del vecino el que tenga que encargarseel vecino de arriba. Le digo que sólo viene los fines de semana. Y sin pestañear, me contesta que ellos los fines de semana no trabajan. Y se queda más ancho que largo. 5 minutos después y con esta actuación estelar se va.

29 de enero

Me llama el casero para ver si estoy, Como es que no, y tienen llave, quedamos en que pasa para que pueda arreglar la dichosa fuga.

Dos días después vuelvo a casa, entusiasmada, esperando llegar y encontrarme el baño normal. Hasta me dejo llevar por la emoción y me imagino que han pintado. ¡Qué felicidad! Me siento como el sastre al que los duendes le cosían el traje por la noche. Abro la puerta, voy directa a ver mi baño arreglado… y ¡oh, sorpresa! no solo no está tapado, sino que hay más agujeros en la pared y el techo. Le comunico F que cambie de marca de duendes, que estos que ha traído no han entendido el concepto.

5 de febrero

Viene otro menda. Pone cara de asombro al ver el baño. Que a él no le habían dicho nada de esto. Llama a la oficina (del seguro, claro) y le dicen que no, que solo puede arreglar lo que abrió el último fontanero. Cada vez que alguien me dice la palabra seguro se me queda más cara de pez. ¿Cómo es posible que haga falta tanta gente, llamadas, burocracia y esperas para arreglar una cosita? Me resulta inconcebible, pero ya me quedó claro que no utilizo con propiedad esta palabra.

Con mucho garbo toma medidas para pintar media casa. Parece ser que el seguro no tiene nada en contra de esto.

F, “aunque tengo más paciencia que el santo Job, ya estoy hasta los cojones de salir de la ducha y poner los pies en un cartón que cruje por más que lo barra.” Al día siguiente manda un albañil. Pagado. Nada de seguro. A ver, que no le manda porque le mi arrebato de cólera desenfrenada le haya puesto firme, sino porque debe tener el mismo sentido de lo inconcebible que yo.

La gotera está cada vez más bonita. Ahora en algunos de los desconchones están cristalizando sales, y las veo crecer día a día. Es casi como tener otro máscota creciendo en casa.

10 de febrero

Estoy desayunando, con mi albornoz azul con estrellas blancas con el que parezco Mickey en el Aprendiz de Brujo, y llaman. Aparece por la puerta la versión 2.0 de Hombre de Dios, con su mono y un sombrerito que no se quita nunca. Tengo un deja vú de cuando vivía en Ñordor y HdD hacía las ñapas en la casita de Numerobis. Su misión es tapar el suelo con las baldosas, que son de cerámica color tostado, con una especie de rallado más claro, y que va en todas en el mismo sentido ¿En todas? ¡No! Una baldosa gala resiste hoy y siempre al invasor… vamos, que ha puesto todas con la veta paralela, menos una, que está en perpendicular. Tenga señora, su arreglo con extra de ñapa.

Ya tengo baño con suelo y paredes… ahora “sólo” queda que pinten. No pierdo la esperanza, estoy convencida de que antes de verano estará terminado.

Share this Story

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

© Copyright %year% Todos los derechos reservados

Haciendo cookies

Las cookies normalmente me las como, pero en la web las uso propias y de terceros para mejorar tu navegación. Entiendo que si sigues es porque estás de acuerdo. Aquí tienes la política de cookies, por si quieres leerla.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: