El Castro de Ulaca

El Castro de Ulaca

Hace algunos años que me hablaron del Castro de Ulaca. Lo tenía ahí como un sitio donde ir algún día, pero hace mes o mes y medio, que he empezado a sentir la necesidad de ir. Así que voy.

Es un castro (poblado fortificado) vetón. Los vetones eran los habitantes de la zona de Ávila, Salamanca, parte de Cáceres y de Toledo desde la prehistoria hasta que llegaron los romanos. Eran parte de los pueblos celtíberos, vamos, mezcla de íberos de levante con celtas del centro y del norte.

Este oppidum, que según fuentes de absoluta confianza, es decir, la Wikipedia, es otra forma de llamar a los castros,  fue “el asentamiento más importante de toda la región antes del proceso de romanización y es la ciudad fortificada celta más interesante de toda Europa”. Ahí es nada. ¿Tu lo habías oído antes? Yo no.

Salgo con dudas del tiempo que me encontraré arriba, porque en La Vera hay más sol que nubes, pero en lo alto se ve cubierto. Un fogonazo de sensatez me hace ponerme cuello vuelto y coger una bufanda. Subo el Puerto del Pico, cruzando la calzada romana, que imagino llena de carros tirados por mulas y de gente a pie superando con esfuerzo los 1000 metros de desnivel. Yo lo hago en minutos y sin esfuerzo… ¿es o no es magia algo tan normal como viajar en coche?

Aunque lo se, no deja de sorprenderme el cambio de vegetación, clima y temperatura que hay en tan pocos km en línea recta. Viento, neveros y nubes grises. Sigo camino a Ávila, subiendo aún un poco más, aunque aquí el desnivel no se nota tanto. Paso por “La hija de Dios”, sorprendente nombre para un pueblo bastante feuco.

Llego a la puerta del Castro y hay una caseta de información vacía, un cartel y tres coches. Empiezo a subir y a subir, y sigo subiendo. Tengo la costumbre de ir a los sitios sin saber nada de ellos, y es después de haber estado cuando busco la información. Ahí lo tengo: “la ascensión tiene pendientes fuertes y una subida tranquila supone unos 30 ó 40 minutos.” Doy fe.

El sitio es espectacular. Tiene unas vistas de prácticamente 360º del Valle del Amblés y la Sierra de Sierra de la Paramera. Aclaro, estos nombres los acabo de mirar ahora, para mi han sido unas montañas altas y nevadas y una extensión enorme de tierra baja de cultivo.

castro de ulaca vista aéreaEn la entrada de las murallas hay una piedra inmensa, en un equilibrio más que sorprendente. Uno de los 13 cartelitos explicativos que hay en la ruta dice que debido a las creencias supersticiosas de los habitantes es probable que delante de ella se hicieran rituales. Debo tener mucho de habitante supertiscioso, porque me parece un vigilante del horizonte en toda regla. A todo esto el viento sopla de mala manera y es tirando a gélido, me pongo la bufanda de turbante, para que no se me congelen los tímpanos.

Paso las murallas, que tenían un triple sistema defensivo de lo más curioso y llego a lo más alto del cerro, a unos 1500 metros. Es una zona muy grande. Me dirijo a unas piedras que me llaman la atención, y resultan ser el Altar. Al borde del cerro, con unas vistas espectaculares, tiene una parte  para observaciones astronómicas y otra para los sacrificios. Unas escaleras y una serie de cuencos tallados en la roca con un canal de uno a otro para recoger la sangre. Si cierro los ojos puedo imaginar escenas bastante sobrecogedoras.

Otra zona peculiar es la sauna. Y la cantera, está como si hubieran hecho una “demo” de cómo tallar la piedra, y se hubieran largado al recreo. Una fila es la piedra con unos agujeros guía que servían para desprenderla en el sentido de la grieta. La siguiente fila es ese rectángulo largo de piedra ya suelto. Y la siguiente los bloques de Lego gigantes para hacer casas, murallas… Hace como muy poco 2100 años, cortaban la piedra con una técnica que aun se mantiene.

Llevo casi dos horas entre subir y dar vueltas y no he visto a nadie. Sólo pajaritos, un águila y boñigas de vaca. Rocas con líquen, arbustos bajos, neveros y lo único que te ayuda a orientarte son los carteles, escasos y muy diseminados. Se supone que del último cartel a la salida se baja dando un rodeo por la entrada sur, así que empiezo a bajar por donde considero que es el camino. “Vaya, un precipicio, igual por aquí no es. A la izquierda, tienes que ir hacia la izquierda. Vaya, unas rocas infranqueables. Trepa todo esto que has bajado. Que frío tengo. ¿Seré la primera turista en perderse aquí dentro? ¿Moriré congelada y un pastor encontrará mis restos devorados por Kraken dentro de unos días? ¡Un cartel allí a lo lejos! ¡Estoy salvada de terminar mis días de una forma tan humillante!” Después de un rato muyyyy largo, dando vueltas por el monte con estos pensamientos, vuelvo al coche por el mismo camino por el que he venido. Ya miraré en Google Earth si es verdad que existe la otra ruta.

No puedo entender que “el más impresionante de los castros vettones y uno de los oppida o ciudades fortificadas celtas de más interés de toda Europa por sus características” esté así de solo y dejado. Un sitio tan espectacular, con unas estructuras que aun se mantienen tan únicas como la cantera, el altar de los sacrificios y la sauna debería ser mucho más conocido, más estudiado y más visitado. Será la pasta imagino, y que está donde Cristo perdió la gorra.

2 Comentarios

  1. uissss ésto hay que ir a verlo 🙂

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    • Cuando vayáis avisa y vuelvo con vosotros! 🙂

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  1. Tic, tac… estoy en crisis de tiempo – Silvia Alegria. Filosofando desde el pueblo. - […] el Castro de Ulaca, un niño celta, acurrucado y asustado en su casa, mientras en la noche oscura se…

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