12Nov

Facebook te oye

No es sólo que Facebook me oiga, sino que puede que me lea la mente. Y no sólo a mi, a ti también, y lo sabes. Y si no lo sabes, ya te lo digo yo.

Jarandilla de la Vera, primavera de 2014

Es principio de primavera, acabo de salir de trabajar y camino a casa me paro a comprar algo para cuando me creo que como sano, pero, sobre todo, a echarme unas risas con Mónica.  (Este nombre es verdadero… total, se supone que esta tía petarda en algún momento va a poner vídeos en la sección “Al carajo con esa vaina“, “Azotando la vaina” “De vainas y azotes” o como sea que terminemos llamándola, así que nada de anonimato para ella).

Esta tarde también está Lola, una amiga que vive en Andújar normalmente. Es una andaluza con más gracia que todas las cosas. Cómo muchas veces, Mónica y yo nos ponemos a hablar de cómo podemos hacer para montar un negocio que de pasta y sacudirnos la pulga de la pobreza de una vez.

Lola nos da la pista: en su pueblo unas universitarias han puesto un chalet, hacen sadomaso y se están forrando. Y aunque así dicho, y sin el acento andaluz, suena a topicazo al estilo “50 sombras de Luisi” (que es la versión buena de las de Gray), como punto de partida a ideas delirantes da mucho juego.

Yo necesito muy poca animación para plantearme poner un puticlub… Hace un par de milenios teníamos completamente detallado el “Mecagüens night club“; una whiskería toda llena de terciopelo rojo, con su parking para camiones y todas sus cositas de puti rancio. Hasta las tarjetas de visita teníamos diseñadas. Esta idea de negocio es recurrente y siempre la planeo en grupo: el sexo remunerado es un trabajo de equipo.

Mónica no se lo toma muy en serio, pero Lola y yo sólo vemos ventajas al chalét del sado verato. A nosotras los clientes no nos van a tocar un pelo, sólo tenemos que zurrar y decir “has sido malo”.

El público objetivo son extranjeros forrados, que como están fatal de lo suyo, no tienen problema en venir hasta un pueblo perdido de Extremadura para que les demos unas hostias como panes. A Lola se la ve puesta en el tema: un ex con inquietudes culturales, por lo visto. Nos recalca la importancia aprender a hacer nudos marineros, bondage para que parezca que entiendo, y de dominar el arte de electrocutar pezones.

El nombre para el chiringuito: “El azote de La Vera“, elegante y alegórico a la vez.

Mucho rato de la conversación se va a los modelitos adecuados: fustas, botas, látigos, mucho cuero y, sobre todo, corsés. Que si yo prefiero un látigo, que si mis botas que sean a medio muslo, que si a mi lo que de verdad me hace ilusión es llevar una careta de esas de perro, que si a ti te pega mucho un corsé bien apretado, que si tu tienes mucha pinta de ama…

Todo este rato la conversación es a la antigua usanza; de esas en las que se habla con la boca y se escucha con las orejas, sin teléfonos ni tecnología en medio. Es más, mi teléfono esta dentro del bolso, no lo he sacado.

Con este brillante plan empresarial en marcha, me voy para casa. Al rato enciendo el ordenador y me conecto a Facebook, y ¡Oh, sorpresa! ¿Qué veo en la columna lateral, la de los anuncios? ¡¡CORSÉS!!

¿Me anunciaban antes corsés? NO.

¿He buscado antes corsés? NO.

¡¡¡Me han oído!!!

Lo peor es que los muy cabrones me los han seguido anunciando durante meses hasta que he cedido a la tentación y me he comprado uno… ahora si que si tengo que montar el bussiness, porque me lo tendré que poner ya que lo tengo.

corses

Pero al grano, que la finalidad de esta bonita historia no es hablar de mi ropa interior, sino divulgar mi sabiduría sobre redes sociales. Y la moraleja de esta historia que une corsés y facebook es:

Comparte lo que te salga de las pelotas y no te preocupes de tu privacidad, porque hagas lo que hagas ya la has perdido.

Gran Hermano nos vigila mucho más de lo que pensamos.

Un poquito de paranoia para terminar

Una TedTalk, de Marta Peirano, sobre el bastante terrorífico control al que estamos sometidos todos, sólo con tener un smarphone. Si quieres aprender sobre criptografía, su libro: “El pequeño libro rojo del activista en la red” es una estupenda opción.

Si te gusto hazme un favorcito y comparte, comenta… ¡Que lo mismo un día me hago rica y famosa y te puedo invitar a cenar por tu colaboración! ;-P

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