Finales de enero 2012

A mediados de febrero dejo la casa de Colmenar.

¿Y dónde coño me voy? ¿Vuelvo a Madrid? Pero si miro las casas y me parecen colmenas: no me dejan respirar. Yo quiero ir al campo, pero ¿a qué campo? Anda que no hay. ¿Y cómo me voy a ir si toda mi vida, mis amigos, mi familia, la acción… están en Madrid? Claro, con pareja todo parece mucho más fácil, pero yo sola, ¿qué cojones hago? ¿Y quién me va a alquilar nada si estoy en paro, ni aval ni nóminas ni hostias? ¡Horror!

Acabaré durmiendo entre cartones, sola y congelada, lo se. Ni siquiera podré ser como Bridget Jones, devorada por un pastor alemán, tendré que regalar a Kraken porque no podré darle de comer. ¡SOS!

Respiro, medito, hago mil cosas para tranquilizarme y no dejar que mande en mi ese miedo denso, negro y viscoso que se extiende por el pecho, el estómago y la espalda. Por fin lo logro. Lo he sentido y he salido de ahí. Otra(s) noche(s) oscura del alma superada.

Enciendo el ordenador, me meto en facebook. Hace un par de días me apunté a un grupo, no se muy bien para qué, porque es de ofertas de trabajo en el corredor del Henares, y me pilla bastante lejos, pero ahí estoy. Echo un vistazo y veo una oferta de un matrimonio jubilado que ofrece una casa en Gredos a cambio de ayudar un poco en la finca. O eso entiendo, porque el anuncio está un pelín lioso y no se si los jubilados son los que ofrecen la casa o que quieren que vayan unos jubilados.

Llamo a Pepe, quedo en ir un par de días después a conocerle. Así que para Villanueva de la Vera me voy con la Susi. Llegamos con alguna pérdida de última hora y sale Pepe, AKA Miguel a recibirnos montado en el quad. Para dar más de 8 pasos monta en el quad. La finca es enorme y preciosa. El hombre más locuaz que yo, por decirlo de una manera sutil. Vamos, que no se calla ni debajo del agua. Nos enseña su casa, y las casitas para “los guardeses”: una la tiene ya hecha y la otra la está construyendo. En la ya hecha va a vivir un matrimonio con un niño, la que aun está a medias será para mi. Vienen la mujer y la hija de Madrid y nos invitan a comer. Me adoptan como animal de compañía. Pregunto qué tendría que hacer… “Nada… Regar un poco el jardín, dar de comer a los perros y a los burritos un poco, porque nosotros queremos irnos a ver mundo en la caravana” Pues ya me vale.

Volvemos a Madrid con unas camelias, huevos y la tarea de decirle a mis padres que me voy a vivir a una finca perdida entre dos pueblos con una familia ajena. Jijijijiji

1 Comentario

  1. Alucinanteeeeeeeee!!! Como mínimo fiebre bonita, la de cosas que te han pasado , estoy hasta yo cansada . Podías haber dado la vuelta a España ,es media noche y sigo leyendo.

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