La fascinación del horror

La fascinación del horror

Hay veces que no me gusta algo, y no puedo dejar de mirarlo. No se cómo se llamará esta tarita, pero seguro que tiene el nombre psicológico de alguna patología.

Me pasa con las uñas del meñique largonas de los pescaderos y con las del pulgar de los guitarristas; me dan una grima loca, y ahí me quedo, mirando hipnotizada. Recuerdo una noche hace un par de siglos, borracha como un piojo, que no podía quitar ojo a uno horroroso, que sólo llevaba un chaleco con cadenas. Cuanto más le miraba, peor me encontraba, y aun así, una y otra vez me descubría girando la cabeza hacia él como si me hubieran instalado un resorte.

Detrás de esto debe estar el mismo fenómeno que explica el éxito de las películas de terror. Buscando teorías que expliquen esta fascinación por el miedo llego a la RAE y la definición de morbo: “Atracción hacia acontecimientos desagradables. Interés malsano por personas o cosas.” Cagüen, pone malsano, lo de la patología va tomando fuerza. Ahora me pregunto… ¿todo el mundo utiliza mal la palabra cuando dice “qué morbo” y en realidad quiere decir “qué cachondo me pone”? Tiene pinta de que usamos una expresión herencia de esta cultura católica tan sexualmente represiva, sin ni siquiera saberlo.

Divago tanto escribiendo como navegando por internet, así que voy a reconducirme y explicar que este salto de páginas y conceptos lo ha provocado este vídeo. Saaaaaaaaaaaaaaaalchipapaaaaaaaaaaa, tiki-tiki-tiki taka-taka-taka. Te reto a verlo entero, a ver si hay huevos.

Leticia Sabater y su himen de reestreno son unos especímenes dignos de estudio. Ella es como Chuky (el muñeco diabólico) al que le han pegado el pelo de una camada de pequeños pony y le han puesto la ropa que ha hecho la madre demente de un aspirante a drag queen de cuarta. Su himen, a dios gracias, nunca lo he visto… aunque tiempo al tiempo, esta moza es capaz de hacerle una foto y utilizarlo para un anuncio.

La canción y el vídeo, son un esperpento de tales dimensiones, que me quedo sin palabras. Ese montaje, esos platos de salchipapa volanderos, ese croma, ese movimiento sepsi de la Leti… Me imagino la grabación y la pechá a reír que se tuvo que dar el que lo edito. Bueno, quiero pensar que se descojonaba; la otra opción es que se pase el resto de su vida tomando fluexetina para ver si supera el ganarse la vida haciendo vídeoclips de garrafón.

Si aplico la lógica de los silogismos, y morbo es atracción hacia acontecimientos desagradables, y Leticia Sabater es un acontecimiento muy desagradable, llego a una terrorífica conclusión, que en este caso no me fascina nada: Leticia Sabater me da morbo. A ver cómo vivo yo ahora con esto. 😉

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