La locura mejor fuera

La locura mejor fuera

No me levanto cada día a las 5 a.m. para hacer yoga, ni para hacer ejercicio, ni para escribir 3 hojas… ni para nada. No me siento ni al amanecer ni al atardecer ni a ninguna hora a meditar. Tengo cero rutinas y poca constancia. Como buena catacaldos he probado tantas técnicas de meditación, energéticas, espirituales… como estrellas hay en la galaxia. Todas las empiezo con el mismo entusiasmo con el que compro un cacharro nuevo en la cocina; ese que me va a cambiar la vida y me va a convertir en la perfecta ama de casa inglesa que hace conservas y mermeladas. Todas las abandono con la misma rapidez que dejo el cacharro y vuelvo a la socorrida olla express para hacer platos tan innovadores como un puré de verduras.

Cuando encuentro algo que me gusta, me dan ganas contárselo a todo el mundo. Y este trajín de probar cosas que me traigo, me da criterio para saber la que me va y la que no. Así que, sin que sirva de precedente, voy a explicar dos prácticas para sacar la locura fuera de la cabeza. ¿Por qué? Porque son FACILES y efectivas. Hazlas y prueba cómo sientan.

Modo gurugüesa: ON

Sacando la locura fuera

Lo primero es asumir que estás como un cencerro. Que tu mente está llena de voces y personajes como un vodevil barato, y que si te las crees, estás mucho peor de lo que parece. No me refiero a voces que te piden matar a Kennedy, o que te hablan de los extraterrestres. Son voces más prosaicas: “no vales para nada”, “eso siempre ha sido así, no se puede cambiar”, “eres mejor que esa”, “eres peor que aquella.” Las que me dicen: “¿quién te crees para escribir de estos temas?” Ya tu sabes, mi amol. Las que te acompañan toooooodo el santo día.

Lo segundo es estar consciente. Esto no es una técnica, es una forma de vivir, unas veces sale, la mayoría no. Keep on going.

Estás loco y te das cuenta de eso, entre otras cosas. Ahora puedes empezar. La locura mejor fuera de ti que dentro de tu linda cabecita. 😉

Dejar el cuerpo al mando

Las dos prácticas tienen en común que permites que tu cuerpo se exprese, en una a través del movimiento y en otra por la voz. Tu permaneces fijandote en lo que haces, como el que ve una película. No piensas que vas a hacer, sólo asistes a la función. Y te diviertes: la función era una comedia. Una forma fácil de sacar la locura de la mente es a través del cuerpo.

Mejor las haces solo, por aquello de que estás loco, pero igual -aun- no te sientes cómodo enseñando la locura en todo su esplendor.

Movimiento free style:

Te pones pones de pie, en principio con las piernas abiertas a la altura de la cadera, las rodillas ligeramente flexionadas, la espalda recta y la barbilla un poco hacia el cuello. Suelto, relajado. La postura del Taichi, de pilates, de danza… la que sería genial mantener siempre.

Y dejas que tu cuerpo se mueva y se reajuste. Tu no tienes que hacer nada, no tienes que hacer ningún movimiento. Tu cuerpo se mueve solo. Igual mucho, igual poco. Puede que un día hagas movimientos repetitivos y espasmódicos, y que luego tengas unas agujetas dignas de haber subido el Alpe d’Huez. Quizá al siguiente sean movimientos prácticamente imperceptibles, sólo vibraciones. Lo que sea, da lo mismo. Tu cuerpo se mueve y tu te asombras con lo que va haciendo, porque no tienes ni idea de lo que va a pasar en el siguiente momento. Te das cuenta de tu respiración, de todas las partes de tu cuerpo, de las voces de tu cabeza que van a decir de todo: “¿Qué es esté movimiento? No puedes estar más ridícula, hija. Menos mal que no te está viendo nadie. Esto es una gilipollez.”

Opción B. (Que puede derivarse de la primera o ser una en si misma): Poner música a tope y bailar como si no hubiera un mañana. Como un veinteañero en la Radical, como un hippie hasta las cejas de LSD, como tu mismo borracho como un piojo en las fiestas de un pueblo. Como te de la gana. Sin pensar en pasos o en “quedar mona”. Bailando por bailar, como tu cuerpo prefiera, no como tu creas que se hace o que pega con la canción.

  • ¿Qué consigues con esto? Sentir y mover tu cuerpo, dejar que se recoloque como más necesite, y si estás suficientemente atento, puedes darte cuenta de cositas. Y, sobre todo, sentirte muy bien al terminar.
  • De dónde la he sacado: primero la aprendí como meditación dinámica, después me enseñaron lo mismo en distintos contextos y con diferentes nombres..

Don de lenguas:

En cualquier momento empiezas a hablar en algún idioma que no conoces, como la niña de El exorcista. O como un Santo cualquiera en pleno éxtasis místico, lo que más te inspire.

Empiezas a sacar sonidos. Los que sean, siempre que no los conozcas. Si sabes japonés, que sea árabe. O sonidos monótonos: oooooooooo, lalala… Da igual. Dejas que tu garganta, tu voz, se exprese. Las primera vez igual te cuesta y tienes que esforzarte al principio. Después te parecerá que tenías cantidad de cosas que decir agazapadas, esperando su oportunidad para salir a borbotones. Cualquier cosa vale, cualquier sonido siempre que no lo conozcas. Habla y habla durante 15 minutos o hasta que “ya no tengas más que decir.” Y observas. Algunas veces será un discurso enérgico, otras triste, otras alegre, unas susurros, otras canciones, otras a grito pelao, quizá aullidos… de nuevo asistes al espectáculo. Te diviertes. Las voces también van a dar por saco en este ejercicio, no dejes que te limiten.

Puedes hacerla paseando, -quizá si paseas por la Gran Vía no es buena idea; las camisas de fuerzas no favorecen-, en el coche, en casa… Recomiendan hacerla durante 15 minutos justo antes de dormir para tener un sueño más profundo y reparador.

  • ¿Qué consigues con esto? Apagar el consciente y permitir que tu inconsciente hable, lo que le relaja profundamente. Sacas la locura de tu cabeza, lo que te preocupa, tus miedos, tus penas. Están mucho mejor fuera que dentro. Al terminar, si dejas que salga todo lo que quiere salir, te sientes mucho más ligero, relajado y en paz.
  • De dónde la he sacado: de Osho. No tengo particular interés por este hombre, pero he conocido mucha gente que si y que enseña sus técnicas y meditaciones dinámicas. Ellos son los que me la han enseñado. La conocí hace años y no me llegó mucho. Volví a practicarla en otro curso y tampoco. Ha sido hace poco que sentido la paz que me deja.

Modo Gurugüesa: OFF

Mónica me ha dicho que últimamente estoy muy profunda, en realidad siempre he sido profunda, pero me daba vergüencita enseñarlo. Ahora también me da. Así que lo hago con vergüenza, pero lo hago.

Hmmm, espero que profunda y coñazo no sean sinónimos. 😉

1 Comentario

  1. jajaja, no profunda no es coñazo… ya sabes como soy y te diría clara, pero simpáticamente, “no mija, que coñazo” La profundidad con diversión siempre mejor. ¡Besos Hermosa!

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