No estoy allí. Yo no morí.

Son días tristes, en los que he pensado mucho sobre la vejez y sobre la muerte. Sobre lo diferente que cada persona enfrenta su enfermedad. Sobre cómo el tiempo cambia cuerpo, mente y carácter. Sobre una sociedad que esconde la muerte a la vez que hace negocio despiadado de ella. Quizá otro día lo escriba, hoy no.

Hoy sólo quiero dedicarte esta plegaria, dicen que indígena.

No te acerques a mi tumba sollozando.
No estoy allí. No duermo ahí.
Soy como mil vientos soplando.
Soy como un diamante en la nieve, brillando.
Soy la luz del sol sobre el grano dorado.
Soy la lluvia gentil del otoño esperado.
Cuando despiertas en la tranquila mañana,
soy la bandada de pájaros que trina.
Soy también las estrellas que titilan,
mientras cae la noche en tu ventana.
Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando.
No estoy allí. Yo no morí.

Te escucharé en los pájaros. Te veré en el sol y en las estrellas.

Te quiero.

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3 comments

  1. susana barcenilla paz

    lo más bonito que he leído nunca

  2. Aho
    Te abrazo…

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