23May

Que noche la de aquella semana

Utilizo la poca capacidad de concentración que me queda en mantenerme en equilibrio y medianamente lúcida…

Hago balance de la situación. Estoy de maría hasta las cejas. Al lado tengo un chileno guapísimo, con un pelazo largo, liso y negro, que para mi pena le está tirando los trastos a una que no soy yo; un mexicano en miniatura, un madrileño que da palmas a un ritmo que sólo él sabe y otras gentes, que diría Julio Iglesias. Una luna llena, que no se si es especialmente gigante o sólo me lo parece a mi en mi colocón, ilumina a una pava que está haciendo acrobacias en bolas en un trapecio. Gran momento para preguntarme… ¿qué hace una chica cómo yo en un sitio cómo este? ¿Cómo he llegado hasta aquí?

Rebobinemos 1 semana. Rebobinemos, bonita palabra que delata mi edad y que pronto estará en desuso.

Estoy de vacaciones. Tengo un difuso plan, que es ir a un pueblo de las Alpujarras un par de días con unas amigas de Madrid y Cataluña, y luego dejarme caer hasta algún punto de la costa andaluza a pasar el resto de los días.

El finde granaíno fue una especie de agujero espacio-temporal, un despropósito de dimensiones épicas, que terminó en el cementerio que hay encima de la Alhambra y con mi semiplan andaluz abortado. Mi nuevo rumbo es Cataluña, que me pilla muy a mano.

No tengo prisa, voy con la calma. Duermo en Santa Elena. Hay deseos tontos, y uno de los míos era visitar Despeñaperros y no verlo sólo desde la autovía rumbo a la playa. Voy a un taller, porque llevo el capó del coche volandero, me enamoro del mecánico durante la media hora que tarda en arreglarlo, veo ciervos, águilas y me imagino cómo sería la vida de los Curro Jimenez de la época bandolera.

No tengo prisa, pero en algún momento tengo que llegar cerca de Barna, así que me pongo en ruta por la autovía de los viñedos. Entre Ciudad Real y Valencia uno empieza a adelantarme tirándome besos, para ponerse después delante de mi y empezar a conducir muy despacio, hasta que me desespero y le adelanto, con lo que el círculo vuelve a empezar. ¿? La gente es rara, ¿esto será un método de ligue? Un rato me hace gracia, hasta que decido que en una de estas se estampana él, que oye, es su problema, o me estampano yo, cosa que me importa bastante más. Así que en una maniobra de despiste que ya quisieran en cualquier The fast and the Furious, salgo de la autovía y esquivo mi fan. Me pregunto si realmente es una técnica efectiva para ligar.

Paso un par de días chulos en Villasar, y me dirijo cerca de Montserrat, a un encuentro de abuelos de diferentes tradiciones. A estas cosas la gente va equipada, con su tienda, sus furgos, sus kits de acampada. Yo voy con un saco fino y una almohada que metí en el coche por alguna inspiración divina antes de salir de casa. Con un machete que me compré con unos 13 años en una excursión con las monjas a Toledo. Con unas cajas de galletas que compré en Madrid, antes de salir para Granada, hace lo que me parece un par de años. Y con unas cucharitas de madera, dos platos de plástico y alguna vaina más que paro a comprar en un chino. Lo que viene siendo perfectamente preparada para lo que surja.

La fauna asistente al acto es variopinta, muy variopinta, variopintísima. Chamanes de distintas tribus de sudamérica; familias francesas, que parecen recién sacadas de Los caballeros de la mesa cuadrada*; mujeres de mediana edad, con pinta de funcionarias que los fines de semana se visten de jipis; otras personas que se visten de jipis todos los días; sanadores, españoles, mexicanos, peruanos, ingleses… Por todas partes corren desnudos, llenos mocos y con tierra hasta las orejas, una mezcolanza de niños felices y sonrientes de todos los colores posibles. Muchos tambores, muchas sonajas, muchas canciones-medicina.

Tengo un don para, sin buscarlo, terminar siempre con lo peor de cada casa. Sólo hace unas horas que he llegado y estoy en una fiesta fuera de programa, en la que me he colado con mucho desparpajo. Pasamos por delante de la yurta, con otras dos que me acababa de encontrar, y al oír cachondeo nos metimos. Y nos entregamos a cantar y beber vino.

Al día siguiente me entero de que la yurta es la casa habitual del chileno buenorro y que el minimexi y los dos madrileños, que pensé que eran sus amigos íntimos, sólo se conocen desde hace un par de días. Me junto a la pandi, y a la noche siguiente vuelvo, esta vez invitada, a ver que se cuece. Y la que se cuece soy yo. Sacan la Santa María, con mucho ritual… que si la abuelita se fuma de esta manera y no de otra, que no la pases sin hacer no se que vaina. En mi ignorancia y poca costumbre (no fumo más de tres o cuatro porros al año, y a ser posible con una cama cerca, por lo que pueda pasar) a fumar porros y beber vino lo llamo colocarse, pero que si hay que llamarle ritual, pues lo llamo, oye, que no voy a quitarle la ilusión a nadie.

Como esa noche no parecía que se fuera a unir mucha gente a la fiesta emprendimos la ardua tarea de atravesar la finca, de noche, cuesta abajo y con la Santa María guiando nuestro pasos hasta llegar al momento trapecio. Fin del rebobinado.

La semana terminó desviándome de Zaragoza a Burgos, para comerme un cordero épico en familia. ¿Quién dijo pereza para hacer kilómetros?

* ¡Qué grande! Busco en Amazon y venden muñequitos de la peli, y dos medios cocos para imitar el sonido de caballos al galope 😀

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3 comments

  1. jajaajaja… vaya planazos…Telma y Lousie más o menos

  2. Eres bueniiisima!!! no, lo siguiente….

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