3Nov

¿Perro o pájaro?

Te lo aviso, después de saber esto no podrás volver a ver a la gente sin meterla en una de estas dos categorías.

Mírate. Mira a las personas que te rodean. Mira a la gente con la que te cruzas… ¿te recuerdan a un perro o a un pájaro? Desde que alguien me contó su teoría de que las personas tenemos cara de perro o de pájaro, me lo paso bomba decidiendo. Es un hobbie absurdo, pero muy contagioso.

Yo soy perro. En mi familia casi todos somos perros: mi padre, mi madre, mis hermanas y tres de mis sobrinos. Mi sobrina pequeña es pájaro, porque se parece a la familia de mi cuñado, que son pájaros casi todos.

¿Perro o pájaro?

Ejemplos de perro:

brad

gerard butler

Ejemplos de pájaro:
hugh-jackman

velencoso

Jejejejeje… creo que en los ejemplos se me ha visto el plumero, pero sirven para que te hagas una idea de cómo es el juego, y de qué no importa la categoría a la que pertenezcas para estar buenorrísimo/a.

Por simple diversión, no hay categoría mejor ni peor, ni ningún rollo pseudopiscológico detrás. ¿Perro o pájaro? ¿Pájaro o perro? Así de chorra y de divertido. Y hasta aquí la gilipollez del día.

Fotos: unsplah, albumarium y las de Kraken y los macizos hechas con mi teléfono 😉

23Oct

Una noche en la Praia do Amor

El final estaba claro desde el principio. No hizo falta más que una sonrisa, un piropo y un baile caliente y bien pegado. Un amago de beso esquivado. Algo de conversación difícil, él no sabía español ni ella brasileño.

– Vivo en mitad de la Praia do Amor. Soy artista… escultor, pintor y músico. Ven a ver mis esculturas.

– Ja ja ja ja… si, claro, ahora se llama así “enseñar las esculturas”.

Chao, chao, dos besos en las comisuras y uno en la boca a petición de las amigas. Esas mismas que se despidieron de él, con un “hasta luego majo, que mañana zumbas”. Carcajadas y lágrimas de risa de vuelta a casa.

El día siguiente sólo hubo un cruce de caminos en la calle del pueblo; con el torso descubierto y lleno de pintura, por lo visto había estado trabajando en su arte.

Último día en el paraíso. Más caipiriñas, bailes, miles de millones de carcajadas. Camino a la discoteca le encontraron andando en sentido contrario.

– Pero tú… ¿qué haces con zapatos?

– ¿Os vais a dormir?

– Claro, contigo.

– ¿De verdad vas a dormir conmigo esta noche?

– Nos vamos a bailar, luego te veo.

Otro beso fugaz.

La discoteca era un asco y esas buenas amigas decidieron acompañarla, en realidad empujarla, a buscarle en los bares que aún quedaban abiertos en el pueblo.

Estaba en la calle, en la puerta de uno. Las chicas entraron a por otra caipirinha. Ella salió la última y encontró que sus amigas ya estaban hablando con él y su amigo.

– Ven, que yo soy el sol, tu amiga la luna y tu una estrella.

Diez segundos tardó en convencerla de ir a ver las estrelas, como ella, a la playa. Se fueron de la mano, por el camino algunos besos. Unos pasos más allá la paró en medio de la calle y empezaron a besarse con más pasión.

Así, entre pasitos, besos, abrazos y caricias llegaron a la orilla. Unos metros más por la playa, sólo girar la esquina que separa la del Centro de la de Amor y dijeron “adiós” a las luces del pueblo y “hola” a las estrellas.

– ¿Traes extranjeras aquí todas las noches?

– A dos, pero sólo besos. Tu eres la primera.

Luna en cuarto creciente, un cielo absolutamente espectacular, con las constelaciones del hemisferio sur, tan distintas de las que está acostumbrada a ver.

– ¿Qué estrella soy yo?

– Elígela.

– Esa. Esa que brilla mucho.

– Cuando la mire me acordaré de ti. Tu eres mi estrela.

Un rato de pasión en las rocas, él es salvaje, sensual, relajado, de piel canela y manos ásperas pero dulces. Sin camisinha nada.

– Llévame a tu casa.

De camino a su casa, él la canta al oído, con voz grave y sensual. Parece una canción romántica, aunque no entiende nada de lo que dice. Bailan sobre la arena mojada, le enseña samba y capoeira. Siguen los abrazos y los besos. A la luz de un mechero le enseña fogonazos de sus esculturas: un tucán, un colibrí como totems, y varias serpientes escondidas entre las plantas que crecen por la arena.

Las estrellas son testigos de su paseo, él le sigue cantando.

– Mira… mi piscina, mi jardín y mis luces dice señalando el océano, la selva y el firmamento.

Ella piensa que ninguna piscina, jardín ni luces caras pueden ser más bonitas.

Su casa, una tienda de campaña cubierta de palmeras escondida entre la vegetación de la falesia, no se distingue desde fuera.

Se meten en la tienda, la luz es una velita dentro de una botella de Coca cola. Se siguen amando, sudorosos, con la única música de las olas rompiendo a escasos metros y sus jadeos. Él repite todo el rato gostosa, gostosa… ella no sabe el significado, pero queda claro el sentido. “Estás buenísimo. El tampoco la entiende. Da igual, las palabras son sólo sonidos que acompañan. Ella se pierde en sus ojos oscuros, en su boca carnosa, en sus manos ásperas y hábiles, su lengua generosa, su cuerpo fibroso y su culo prieto.

Él le enseña sus pertenencias: unas plumas recogidas en la playa, un collar que besa al quitárselo, un libro de arte.

– Quiero ir a Brasilia, hay mucho arte y música.

– ¿No Río, ni Saô Paulo?

– No, no, allí hay mucha violencia.

Me lo tengo que comer.

A ella se le cae un pendiente de aro y se lo regala, él lo guarda como un tesoro.

Toca la pandereta, ofreciéndola un concierto privado. Ella aplaude entusiasmada. Él se sonroja… “lo he hecho fatal”.

Soy indio y esclavo -dice orgulloso de sus raíces- Estás con un indio y esclavo.

– Pues tu estás con una blanquita de ciudad.

Vuelven a tocarse, a acariciarse, a perderse el uno en el cuerpo del otro. Se hace de día. Salen a la puerta de la cabaña a ver despuntar el sol, se sientan sobre la arena húmeda. Él le sigue cantando. Siempre abrazados y besándose ven amanecer… un amanecer rosa y oro, sobre un mar en calma con una ligera brisa. Un amanecer único.

– Ahora sale el sol, y es cuando conoce a la estrella -dice mirándola.- Soy un hombre afortunado, estoy viendo cómo se conocen el sol y la estrella.

Coge una flor para ella y se la pone en la oreja, a cambio del pendiente que le ha regalado.

– Me tengo que ir, mi avión se va.

– No… vuelve dentro… la despedida.

– No puedo.

Emprenden el camino de vuelta a la realidad y es cuando se siente más Jane que nunca. Descalzos, libres, suben el acantilado por una senda por la que sola nunca hubiera podido. Atraviesan caminos de mata atlántica. Él la enseña plantas que, tímidas, cierran sus hojas al rozarlas con el dedo. Quiere regalarla una flor que a él le gusta mucho, “pero está dormida, no puedo dártela”. Si sigue adornandola con hojitas, le da fruta de los árboles e imita el sonido de los monos. De la mano se cruzan con lugareños que están comenzando el día.

Al final del camino se despiden: un abrazo, besos, sonrisas.

– Buen viaje.

– Se feliz.

Esta es la historia de una noche, unas horas más bien. Del consabido revolcón con un brasileño según pensarán muchos; una noche mágica tal como fue. De sexo salvaje, de más estrellas de las que caben en la imaginación, de romper de olas, de bailar sobre la arena húmeda, de bondad, de inocencia, de regalos, de música y canciones, de susurros calientes en un idioma dulce, de sentirse libre y de vuelta a los orígenes, de cabañas en la selva, de flores en las orejas y de sonidos de animales exóticos. De seguir a un desconocido y encontrar un alma pura, dulce, romántica, creativa y generosa. De descubrir a un hombre sin apenas posesiones materiales pero más rico en ellas que nadie que haya conocido, porque la naturaleza entera es suya. Un hombre con el que apenas compartió tiempo, pero que estará siempre en su memoria.

Y da igual si para él ella fue una entre muchas turistas más, porque para ella esa noche él fue su indio, su esclavo.

13Oct

Tiempo, espacio y silencio

Hace tiempo escuché una entrevista en la radio. No se qué programa era, quién preguntaba, ni quién respondía… pero la respuesta que dio ese hombre se me quedó grabada a fuego:

El verdadero lujo es tener tiempo, espacio y silencio.

No puedo estar más de acuerdo, aunque para mi no son lujos, son necesidades.

En muchos casos puede que no seamos conscientes de esa necesidad. Alguien que está forrado se compra una casa enorme, con montones de hectáreas y metros de habitaciones que jamás utilizará. Está comprando espacio. Lo más seguro es que también viva en un sitio en el que no haya ruido, y si vive en una casa en medio de la ciudad, además de ser enorme, seguro que sus paredes están bien aisladas para no oír los pitidos coches, ni los pedos de los vecinos. Está comprando silencio. Y lo más probable es que tenga gente que haga las tareas ingratas del día a día por él (o ella, claro). Esas cositas como hacer la compra, la comida, lavar, tender, planchar (yo ni siquiera tengo plancha, pero creo que como las meigas, haberlas hailas) y guardar la ropa… Está comprando tiempo.  Read More »

3Oct

El derecho a no tener una pasión

No tengo una pasión. Ale, ya está, ya lo he dicho. Y además, estoy muy harta de que se suponga que tengo que encontrarla.

Me meto en Feedly -que por si no lo sabes, es un lector de blogs o RSS, en el que añades los que vas encontrando que te gustan, como por ejemplo este que tienes delante ahora 😉 Los encuentras todos ahí juntitos, y aparecen todas las entradas nuevas que publican- y encuentro “Cómo descubrir mi pasión”. Leo un poco y resulta que no sólo tengo que encontrarla, además tengo que “monetizarla”, que es una palabra que ahora se lleva mucho.

No tengo una pasión desde la infancia. No llevo desde los 5 años obsesionada con tocar la guitarra. No se más que nadie de sobre las costumbres y creencias de los cátaros. No se hablar klingon, me disfrazo de Spoke y voy a ferias a debatir los más nimios detalles de Star Treck. Read More »

29Sep

Poner la marcha adecuada protege el motor

Una de los mejores consejos que he oído en esta ultima etapa de la vida se la debo a un amigo, que me dijo: “Paisana, los coches tienen varias marchas (cambios), incluso marcha atrás (reversa). No quieras ir en 5ª cuando necesitas 1ª, que terminás quemando el motor”

¡Toma! y se quedo tan pancho, mientras yo me quede muda.

Reflexionando por muchos, muchos días, incluso meses, he concluido que esto ya me lo habían dicho otras personas, con otras palabras, pero que solo cuando se está lista llega la iluminación. Y la iluminación es ese momento posterior a una o varias situaciones que te han mantenido noqueada, zurumbática, apendejada, pero que después te dejan respirar para ver con toda claridad tu absoluta estupidez.

El asunto es que cuando una tiene mucha mermejuaca, se entusiasma con todo, con lo de uno, con lo de los amigos, con lo del vecino, con todo… empiezan a salirle imágenes, ideas, nombres, marcas, negocios, etcétera, que le hacen pasar de la 1ª a la 5ª marcha tan rápido, que en efecto, termina quedándose sin fuerza en la cuesta o quemando el motor, o peor aún llevándose por delante a todo el que se le atraviesa.

Lo confieso, poner la marcha adecuada es el aprendizaje de mi vida. De nada me sirve tener un motor potente si lo quemo en un plis-plas, me quedo sin fuerza en la subida o arraso con su fuerza desmedida a cuanto mortal se pone enfrente.

Poner la marcha adecuada, por ejemplo, me permite que en algunos momentos del viaje use el punto muerto (neutro) y me deje llevar por el camino, o la marcha atrás (reversa) o incluso el freno de emergencia. Y poner la marcha adecuada para cuidar el motor no implica que sea cobarde o haya fracasado, significa que estoy ¡Protegiendo el Motor!

Poner la marcha adecuada tiene más que ver con mantener la carrera sin agobio, con disfrute y aún así, con mermejuaca, es decir sin dejar de ser yo.

Fíjate cuantas reflexiones simples: cuidar de tu motor, no arrasar, disfrutar, saber echarte para atrás, cosas tan simples que por la inercia de la vida, por mis paradigmas del tipo “si quieres puedes” “es mejor atajar que arriar” y “corra mija que la preña ese hombre” me han llevado a una carrera que ha dejado mi vida y la de las personas más cercanas a mi agotadas (mea culpa).

Por supuesto que aprender a poner la marcha adecuada es parte del aprendizaje de esta vida, no me quejo, no me arrepiento del aprendizaje, más bien comparto esta pequeña reflexión lograda en la desaceleración que imprimen tener 40, ser mamá, vivir en el campo, tener un estilo de vida modesta en la que he aprendido a disfrutar del cuidado de mi familia y el cultivo de la amistad.

He comprendido que mi vida es un viaje bastante largo y que el éxito para mi es el disfrute del camino, pero que esto solo depende de la capacidad que desarrolle para poner la marcha adecuada en el momento adecuado. ¡Hay que escuchar al motor, que él te pide el cambio, hay que ir atento al camino!

Al final los iluminados van a tener razón y esto va de estar, pero nosotras, Silvia y yo, de tercas y porfiadas, que no aprendemos con palabras, nos hemos tenido que bajar de las escobas para aprender ella al galope y yo en coche.

No se te olvide tener siempre unos cuantos gurus cerca que te adviertan cuando estas pasándote con tu motor.

23Sep

Aprendizajes al galope

Termino las clases de equitación con agujetas en músculos que ni si quiera sabía que formaban parte del cuerpo humano, al menos del mío. Después de un año sigo sin lograr subirme con un mínimo de dignidad… Estas y otra serie de catastróficas desdichas, no impiden que esté feliz de haber empezado a montar a caballo. Toda la vida queriendo hacerlo, y el momento llegó el año pasado.

Además, montar es espiritualidad aplicada. Mucho más que un maratón de meditaciones de Osho.

Un básico: aquí y ahora

Montar a caballo es mindfulness en estado puro.

Cuando estoy en clase, estoy. Es completamente imposible que se vaya la cabeza a otro sitio; ni del pasado, ni del futuro, ni de otro planeta ni de este. Tengo que estar pendiente de trescientos cincuenta millones de detalles: “esa espalda, saca pecho, los hombros atrás, no quiero culos de avispa, junta las manos, no hagas esas cosas con las riendas”, intentar tocar al caballo con los talones, con la esperanza de en algún futuro remoto mandarle sólo a base de presiones con las piernas, coordinar la mano y la pierna justa para que gire como tiene que girar…

Así como aprender a conducir, pero elevado al cubo y en vez de con una máquina con un animal, que tiene sus planes y no tienen porqué coincidir con los tuyos.

¿Te das cuen?

Sólo puedo mejorar aquello de lo que soy consciente que hago mal. Que parece una chorrada, pero no. ¿Cómo cambiar algo que no se que hago mal? El darse cuenta está completamente unido al aquí y ahora. Sólo si no divago soy capaz de notar si he dicho “so” antes de echar el cuerpo para atrás, si llevo la espalda lo suficientemente recta, si estoy siendo demasiado brusca con las riendas…

Exigencia y tolerancia

caballoSoy muy fan de Manolo. Es un crack, que tiene más psicología que muchos que yo conozco.

Exige mucho. Exige actitud, presencia, consciencia, firmeza, energía y entrega. El día que me dice que he hecho una clase “bastante aceptable”, me dan ganas de correr a escribirlo en mi diario, actualizar el estado de Facebook, poner un tweet y mandar un whatsapp a todos mis contactos para celebrar semejante acontecimiento. Y luego entrar en esos bares del mundo gritando: “¡Está ronda la pago yo, que he hecho una clase aceptable!”

Pero a la vez que valora el esfuerzo y saca algún tipo de placer perverso en que no te puedas mover en tres o cuatro días de las agujetas, anima a ser paciente y tolerante con lo que no sale. Sabe que fustigarse por lo que no te sale bien, solo retrasa el momento de lograrlo. Mientras te des cuenta de lo que no haces, todo va bien; ya lo harás.

Actitud a raudales

“Empújame esa yegua” La actitud es fundamental para llevar al caballo. Por mucho que lleve una fusta, si no tengo actitud de dominatrix el caballo me toma por el pito del sereno. Tengo que mandar. Y para mandar, lo primero es creerme que puedo hacerlo. Es alucinante como cambia la respuesta del caballo según estés, cómo perciben la energía, la actitud y hasta los pensamientos y responden a ellos.

Un poquito de flow

Hay momentos mágicos, en los que todo sale. Eres uno con el caballo, no piensas nada, te relajas, es fácil, fluido, sólo disfrutar. En mi caso estos instantes duran tan poco que necesitaría un reloj atómico para medirlos, pero son la hostia. Siento ser vulgar, pero cualquier otra expresión se queda corta. De hecho, debería haberlo puesto en mayúsculas SON LA HOSTIA.

Verdad verdadera

Me puedo intentar autoengañar todo lo que me de la gana, pero ni con el caballo (ni con Manolo) voy a conseguir que cuele. Si tengo miedo, lo notan. Si no confío en que puedo galopar, lo notan. Si no tengo la postura adecuada y voy sin poderío, lo notan. Si por alguna extraña causa una neurona es capaz de desmandarse y pensar en algo que no sea el caballo, lo notan. Y en mi cabecita loca me puedo poner las excusas que quiera, como “No, no, si no tengo miedo, lo que pasa es que justo tengo un tirón en la pierna“, “No, que va, voy supertranquila; me agarro a las riendas como a un salvavidas, pero soy puro relax“…. La realidad es que estoy cagada de miedo. Lo saben Manolo y el caballo, los dos. Y más vale que espabile y lo admita rapidito, para poder cambiarlo.

Mozas, un consejo importante para terminar

Si vas a empezar a montar a caballo, me gustaría darte un consejo con el que espero ahorrarte un aprendizaje doloroso. Por experiencia te digo que:

no montes con tanga

Si tienes algún consejo importante para jinetes, por favor, déjalo en los comentarios… las hueverías te lo agradecerán. 😉

* Si parada se me pone esa cara de velocidad, ¡imagínate al galope! Lo mismito que si estuviera despegando de Cabo Cañaveral.

13Sep
huele a otoño

Huele a otoño

Huele a otoño hace días; no se si bañarme o comer castañas, si tomar el sol o sacar las mantas, si ponerme vaqueros y botas o ir en tirantes tiritando.

Primero me ha cabreado un poco, porque me gusta el calor, llevar poca ropa y sobre todo, la luz. Además siempre pienso que no he aprovechado el verano lo suficiente, que no he hecho todo lo que nos venden que hay que hacer en verano lo suficiente.

Después me he acordado de lo precioso que se pone aquí el campo en otoño. Todo reverdece con las primeras lluvias, las hojas se vuelven amarillas, naranjas y rojas como si fuera una segunda floración, las gargantas vuelven a bajar llenas de agua, hay días brumosos que parece que en cuanto abra la niebla vas a aparecer en Avalon…

Doy un paseito por el campo, con las hojas caídas crujiendo a mi paso. En una racha de viento me arropo con una cálida chaqueta de lana virgen. Después llego a casa, y enciendo la chimenea. Pongo dos copas de vino. Me siento a mirar el fuego, mientras fuera ha empezado a llover. Me giro y le doy la otra copa de vino al mozo recio que me acompaña. Vamos entrando en calor, y me quito la chaqueta de lana. Me reconcilio con la vuelta del frío.

¡Hey! Wait a minute…

Que no tengo chaqueta de lana virgen ninguna. ¡Ups!, tampoco chimenea. ¡Coño!, me acabo de acordar, ¡que tampoco tengo novio! A tomar por culo la idílica escena de romanticismo otoñal. 😉

Tendré que mirar la llama de gas de la estufa catalítica; de lejos, claro, que ya he quemado una chaqueta 100% acrílico; mira que arden bien las jodías. Intentaré leer envuelta en la manta como un morador de las arenas, sacando las manitas lo justo para sujetar el ebook. De vez en cuando subiré aun más la manta, que la nariz se me queda tiesa y no es cuestión de estar en casa con el pasamontañas puesto. Y el vino, casi que lo dejo para otro día que venga alguien, porque a lo de chuzarme sola todavía no he llegado.

Las estaciones están mal puestas

Me gusta celebrar la rueda del año, como lo llaman en la tradición celta. Es una forma de estar consciente del paso del tiempo, recordar que la vida es un ciclo en constante cambio y de dar gracias.

Pero estoy convencida de que las estaciones van 3 o 4 semanas retrasadas. Están mal puestas.

En febrero ya es primavera. Y no para mi,  sino para los árboles; que se lo pregunten a los almendros… Aunque haga frío, el aire huele distinto, el ambiente tiene algo más limpio y los días se quieren alargar.

Junio es claramente verano, desde el principio, no desde el 21. Días eternos, maravillosos atardeceres a las 10 de la noche, calor y frutas de colores.

Septiembre, a la vista está… es otoño mucho antes del 21. Desde mediados de agosto al campo se le nota que tiene ganas de otoño. Algunos días puede que haga calor, y mucho, pero no es verano. Es otra cosa.

Y el invierno empieza exactamente el último fin de semana de octubre, cuando hacen ese fatídico y deprimente cambio de hora.

Al final va tener razón El Corte Inglés y la Navidad empieza el 1 de noviembre.

Esta canción si que huele a otoño, a Mabon, otoño celta:

3Sep

Cómo y por qué empecé este blog

Si estás aquí es porque te interesa el episodio “Silvia Alegría. The beginnings“, así que te lo voy a contar. Y si no te interesa, haz click en la crucecita para cerrar la página y listo. Oye, que lo mismo otro día te pones a revisar tu historial de navegación, te vuelvo a salir y entonces si que te apetece leértelo.

Al hacer memoria, se juntan varias cosas en las que, como casi siempre, en su momento no veía conexión: el nombre que uso, los textos que escribo, la variación que esos textos han ido teniendo, mi creciente exhibicionismo… Va a quedar más claro si vamos por partes, que diría Jack “el Destripador”.

¿Por qué escribo mi vida en un blog?

Todo empieza en marzo de 2012, cuando cambié Madrid por limpiar boñigas de burro en el campo. Fue una etapa bastante surrealista, y para contarla a mi familia y amigos, que tenían ganas de saber qué tal me iba el cambió, empecé a escribir un blog que se llamaba “Desde la Vera con Amor”. Eran surrealistas, como la comuna-todo-menos-hippie en la que vivía, pero yo algunas veces escribía sin poder aguantar las carcajadas y quienes lo leían también se reían mucho.

¿Silvia Alegría?

A los dos meses de llegar aquí encontré trabajo. Al poco de estar en él me vi haciendo las publicaciones de Facebook de La Hospedería del Silencio; ahora esa página se llama Mundo Consciente, y ya no hago yo las publicaciones, las hace otra persona y son muy muy chulas.

Para gestionar esa página sin usar mi perfil de Face privado, creé una cuenta nueva, con el nombre de Silvia Silencio, para que se relacionara. Todavía me acuerdo de los aspamientos de Mónica cuando vio el nombre que había elegido:

– “Pero qué Silencio, ni que vaina, carajo. De Silvia Silencio tu no tienes nada, tu eres Silvia Alegría.

Pues nada… con Silvia Alegría me quedé. Donde hay colombiana con mermejuaca, no manda marinera.

La página cada vez tenía más seguidores. Aquí es cuando meto el toque de autobombo y digo que durante el tiempo que publiqué yo, pasó de tener menos de 15.000 seguidores a más de 600.000. Después veía mis publicaciones por ahí, con el logo quitado, o atribuido a otras páginas… y, que coño, me hacía mucha ilusión.

silvia alegria sale del anonimatoUn día, después de mucho insistir mi jefe, salí del anonimato, y puse una foto mía explicando que era yo quien hacía las entradas. Flipé con la respuesta de los fans. La primera vez que lo puse tres mil y pico “me gusta”, más de 500 comentarios de gente dando gracias, enhorabuena, consultándome cosas… La volví a poner a los meses, para presentarme a los nuevos fans, que eran una jartá, y aún hubo más respuesta.

Me asombró y encantó el cariño que recibí, pero también me abrumó el alcance. Por primera vez fui consciente de que tenía la capacidad de llegar a miles de personas, de que había algunas pendientes cada día de lo que yo publicase, que podía alegrar un poco el día a alguien en la otra punta del mundo…

Dos amigas locas

Más tarde compré este dominio, porque Silvia Alegría se había convertido en mi nombre de guerra y paz en las redes. La primera idea fue hacer una web para vender mis servicios profesionales… no duró ni tres días este plan.

Así que tenía un dominio, tenía un hosting, tenía una plantilla de WordPress… y dos locas cerca: Mónica y Ainara, que dieron y dan ideas, apoyo, sugerencias. Iban a escribir una sección cada una y entre las tres íbamos a publicar mogollón y forrarnos, aún no sabemos cómo. Este segundo plan duró mucho más que el primero: un mes y medio.

Exhibicionismo en aumento

Para no empezar de cero, pasé a esté blog las entradas de aquel que empecé al venirme. Pero no se me ocurría mucho más que escribir. En cierto aspecto me bloqueó el que “mis entregados fans” esperaran chispa, algo para reírse. Creí que sólo podía escribir momentos divertidos.

Un día publiqué lo que me pasaba por la cabeza. Me sentó genial hacerlo. También me gusta recopilar algunas de las cosas que encuentro al navegar y que me llaman la atención.

Soy muy cerrada, me cuesta lo indecible mostrar mi parte más triste, más blanda, más cursi, menos de buen rollo y arriesgarme a que no te guste. Como me cuesta y me da miedo, es lo que toca hacer, porque estoy en modo “comando” con mis miedos. Así que este blog es mi terapia: enseñar lo que escribo, cuando lo que escribo no es ni divertido, ni guay. Enseñar lo que escribo, cuando eso implica exponer parte de mi alma. Algo que llevo toda la vida haciendo para mi, y que me llevan empujando tiempo para que salga de la cueva.

Comunicar

La comunicación tiene tres partes: el emisor, el receptor y el mensaje (vale, hay más, pero es por simplificar). Aquí el receptor eres tu, que ahora sabes algo de mi, y es muy probable que yo nunca sepa si existes, si de verdad hay un tu al otro lado, ni que me has leído. La experiencia de Facebook me enseñó que el efecto mariposa existe; que un mensaje lanzado a internet puede provocar una sonrisa, una reflexión, un nosequequequeseyó a la persona y momento menos pensado. Gracias por dejarme el espacio para que me abra a ti.

Esta es la historia del blog, y la mía. Ya sabes porqué he escrito lo que he escrito y lo que escribiré. Y aunque la idea es escribir en público, independientemente de si alguien lo lee, será una gozada saber que existes y pasar de monólogo a diálogo. Así que agradezco mucho cualquier señal de vida al otro lado de la pantalla. 🙂

Nota: las fotos son de unsplash o mías, a no ser que diga lo contrario.

21Ago

Me gusta la gente fácil

El otro día decidí que me gusta la gente fácil, sin complicaciones. Y dediqué un rato del mucho que hay en un viaje sola conduciendo de La Vera a Cádiz a dar vueltas a otras características que tiene la gente que me gusta.

He hecho una lista, pequeño homenaje a Mario Benedetti, y a su maravilloso “La gente que me gusta” que suscribo totalmente y que está en la cita del final.

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5Ago
si se aconsejar a todos... porqué conmigo no lo hago

Guruguesa de todos, pero nunca de mi misma

¿Porqué será que es fácil arreglarle la vida a la gente, pero con una misma no hay manera?

Por alguna razón he sido declarada la guruguesa*, coach, consejera todo poderosa y otros cuantos títulos más, de un buen grupo de amigas y amigos. No creas que lo hacen por que son amigos y no tienen con quien más hablar, no, son gente inteligente, guapa y divertida, que por alguna razón me ve con buenos ojos. ¡Tengo que decir a mi favor que hasta recibo llamadas del extranjero!

Se me da de bien decirle a los demás lo que deben hacer con su vida. Es muy fácil, yo lo hago así: Escucho un ratito la letanía, trago saliva, saco el dedo indice de la mano derecha y me largo a hacer reflexiones, observaciones y mandatos, todos ellos adobados con fantásticas palabras colombianas del tipo “no joda” ,“te apendejaste después de vieja” ,“mande esa vaina a la mierda” y oiga… la tribu se queda pasmada, asiente, dice: “Si es que tienes razón” y unos días después del zarandeo que les he pegado con este verbo que me concedió Dios, se ponen en marcha y hacen un cambio en su vida. ¡Mira tu que fácil!

Rapidito, rapidito pongo nombre a ideas, organizo empresas, quito y despido rémoras emocionales, mando la gente al terapeuta correcto: tu al psicólogo (pero gestalt, no el otro), tu al osteópata, tu al homeópata, tu, querida, mejor hazte un exorcismo que no tienes remedio, y esto para mi sorpresa funciona.

Ahora bien, que a mi me diga alguien ¿porqué carajo no puedo hacer lo mismo conmigo misma? Me pego unas enredadas, divago en mis pensamientos, le doy vueltas a lo mismo, me lleno de tareas insulsas, me entusiasmo y al poco que estoy otra vez en el mismo sitio. Ando como volador sin palo, que dicen en mi tierra.

Yo esto lo he analizado, especialmente en esta última etapa de la crisis de los 40 (que por cierto, le debo gustar mucho por que nada que se me quita) y mi conclusión es… ninguna.  Sigo sin saber porqué carajo me pasa esta vaina. Pero cuando veo ese montón de páginas web de super mujeres y super hombres que te dicen cómo organizarte, alcanzar tus metas, vivir de tus ideales, entre otras, me pregunto ¿y a ellos quien les organiza? o ¿ya venían organizados?

Veo el mundo que se dibuja en tantas páginas web, redes sociales y demás, con esa sensación de éxito, orden y triunfo, con ese ¡Se feliz ahora con ese curso on-line! y entonces me siento bastante desastre. ¡Con lo lista que soy debería estar forrada!

Ahora bien, hay una cosa que si he aprendido en la citada crisis: vivimos llenos de ideas de lo que es la felicidad, el éxito, la alegría, la relación perfecta, el cuerpo perfecto, en fin, de un montón de huevonadas que no nos dejan disfrutar de lo que si tenemos, y me parece a mi que esa si que va a ser la razón de nuestras desgracias. Puede ser eso, o que ya me estoy aprendiendo a conformar.

Parece que en este mundo si eres médico no te puedes enfermar, si eres guruguesa no te puedes decaer, si eres guía no te puedes perder y, líbreme dios de ser iluminada por que ahí si que la hemos liado. ¡Que estrés!, ¿no?

Por ahora aceptaré, como dice una amiga, que nací para organizar a los demás, que llegados a este punto una hace lo que puede y que a mi me da alegría cuando uno de mis aconsejados me llama y me cuenta que soluciono esa pendejada que lo traía por la calle de la amargura.

También trabajo y me gusta lo que hago, que no es poco…. a ver si os vais a creer que de verdad soy un volador sin palo.

Nota Aclaratoria:

La palabra gurugesa no existe. Gurugesa viene de Guru, que ya en sí es una palabra femenina. Pero en este blog nos hemos declarado libres y retorcidas y cambiamos y ajustamos palabras a nuestro antojo. Asi que gurugesa es el recontra femenino y recontra guru del titulo guru. Y el titulo me ha sido concedido en ceremonia privada. No hay lugar a discusión.

Mónica Avila, guruguesa

Colombiana, residente en La Vera. Se le da que te cagas conectar a personas e ideas y crear nuevas ideas. De hecho, lo de Alegría, y el “la vida con una sonrisa”, son ocurrencias suyas;-)

 

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