Tierra… traga a Kraken. O a mi. O a los dos.

Tierra… traga a Kraken. O a mi. O a los dos.

Kraken más que un perro parece mi bolso, porque le llevo a todas partes. Hasta hago mudanzas con los dos, el perro y el bolso.

Kraken es un claro ejemplo de que [highlight]los deseos se cumplen, aunque tarden más de 30 años en hacerlo[/highlight]. De pequeña yo quería un perro y se lo pedía a mis padres constantemente. Como no me hacían ni caso, recurrí a más altas instancias, y en una hojita de “Querido Dios*” de esas que se llevaban a mediados de los ochenta, escribí una carta a eso, a Dios directamente. Puenteando a Papá Noel y los Reyes Magos, que no estaba yo para tratar con intermediarios. La carta era cursi hasta decir basta y hasta hace poco a mis padres les encantaba avergonzarme con ella; porque la tenían guardada y cada dos por tres la sacaban y la leían para mi bochorno y escarnio. Pues si, yo pedí a Dios, y Dios contestó. Ahora, que entiendo la mala fama de correos en aquella época, porque hay que joderse lo que tardó en contestarme.

Bueno, que es mi perro, y le adoro… aunque a veces me haga pasar situaciones en las que me gustaría volverme invisible de repente.

Mayo 2014

Tengo la espalda p’a chopped, así que pido hora a Lorenzo, el osteópata, a que me recoloque todo lo que haya que recolocar. Pasa consulta en una casita remona casi en el monte, (para seguir los estereotipos de mi bucólica vida campestre). Como siempre, lo que cojo para salir de casa por las mañanas es el bolso y a Kraken. Me da pena dejarle en el coche durante la sesión, y Lorenzo me deja meterle en casa. Me tumbo en la camilla. Llevo un rato de tortura. Estoy intentando relajarme, que no es del todo fácil cuando te están clavando un codo hasta el higadillo. De repente noto un cierto hedor. De caca pestilente. Pienso que Kraken se ha tirado uno de sus pedos, que si los miras ves como le sale un vapor verde y denso. Pero el olor no se desaparece, como debería si fuera un pedo. Lorenzo se acerca a mirar y si, efectivamente, Kraken ha tenido a bien poner un zurullo gigante en mitad de su cocina. ¡Santa Madonna!

Lorenzo me dice que no le importa y que si a mi tampoco, que lo dejemos ahí. Yo hago como que no me importa unos 3 segundos, pero estoy más tensa que la cuerda de un arco; creo que me salen 4 contracturas nuevas de la tensión. “¿Te pone nerviosa?”, me pregunta. No… me relaja muchísimo tener un ñordo de mi perro en mitad de tu cocina, no te jode.

Ahora cuando llamo para pedir hora (porque contra todo pronóstico, he vuelto), me identifico como “la dueña del perro que se cagó en tu casa”.

Septiembre 2014

Por estas cosas curiosas que tiene la comarca, voy a una reunión a casa de una princesa europea. Que lo mismo a ti te pasa muchas veces, pero yo había estado con una princesa las mismas veces que en las Islas Fidji. A ver que recuerde… eso, una o ninguna. Tampoco es que me generen especial emoción las monarquías, más bien al contrario; algo habré heredado de un padre republicano que tiene en casa unos 500 gorros de esos de Papá Pitufo que usaban en la República. El caso es que el fincón es de esos que te dan ganas de estar todo el rato con las manitas juntas en namasté, por si acaso tocas algo y te lo cargas. Todo muy cottage, muy country y muy caro que te puede dar un algo.

Allá que voy, con bolso y Kraken, of course. Que, total, es una finca y hay más perros. Perras en este caso. Ese es el momento en el que Kraken considera oportuno sacar su vena de macho, a pesar de su estado de castrati, y procede a marcar territorio. En el salón, en la tela de un sillón que no tiene mucha pinta de ser de Ikea. Ahí decidió echar una meadita, con aires de castigador y estar diciéndole a las perras de la princesa, “aquí estoy, nenitas”. Y esto antes de que yo pudiera decir ni “Hola”. Así que se me puso la cara de pez, pero esta vez de pez fuera del agua, agonizante y horrorizado. Espero que el recuerdo que dejé no haya sido imborrable del todo.

¿Serán sus venganzas por habérmelo dejado olvidado dos veces en la calle al irme a trabajar?

*He estado buscando imágenes de esas hojitas, y no he conseguido encontrarlas. ¿Alguien se acuerda de cómo eran? Moradas y con dos niños regordos… Había material de papelería de todo tipo, que en esa época era de lo más novedoso.

1 Comentario

  1. jajajaajajajajajajajaja

    I Love Kraken

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  2. ¿Estamos solos en la galaxia o acompañados? - Silvia Alegria - […] únicos inteligentes del planeta. Los que piensan eso tendrían que ver lo bien que se gestiona Kraken la comida y…

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