Una serie de catastróficas desdichas

Una serie de catastróficas desdichas

No he visto esa peli, pero me encanta el título “Una serie de catastróficas desdichas” define perfecto esos días en los que se acumulan sucedidos sin fin.

31 de diciembre de 2015

Son las 9:15, estoy en el portal de casa de mis padres en Madrid, con la maleta, una bolsa y el perro, of course. Ha empezado a llover nada más bajarme del coche. Llamo al telefonillo. Llamo y llamo. Llamo por teléfono. Vuelvo a llamar al telefonillo. Mis padres no oyen ná y últimamente levantarse antes de las 10:30 les parece una ordinariez. ¿Podrá uno electrocutarse por dejar el dedo pegado en el botón del telefonillo cuando llueve? Aparece el portero, que estaba metido Dios sabe donde, y me abre la puerta. Primera prueba superada. Subo el ascensor pensando planes de acción para cuando aporree la puerta de casa y no me abran, pero tengo suerte y abre mi madre con cara de zombi y marcas de sábana en la cara.

Dejo las cosas, enciendo los teléfonos del trabajo, porque esta mañana trabajo, aunque sea a distancia. Llama una que está apuntada a las vacaciones: que cómo llega mañana… Criatura, ¿estás apuntada hace un mes y te preocupas de como venir el día antes? Hay veces que entender algunas mentes me resulta de lo más complicado.

Cojo unos papeles de mis padres que hay preparados para llevar al registro del ayuntamiento y voy para allá. Al llegar me vengo arriba: no hay nada de cola, parece un día buenísimo para hacer estos recados. Los presento y ¡oh, maldición! No vale la fotocopia del DNI, les gusta más un original, y también quieren el informe médico de mi padre. Era demasiado bonita una gestión burocrática que fuera llegar y besar el santo.

Vuelvo a casa. El DNI lo consigo fácil. El informe es imposible. Buceo entre pruebas, resultados, análisis y recetas que mi padre tiene ordenados por enfermedades, a lo Jack Nicholson en “Mejor imposible”. Justo el que quiero no está. La ley de Murphy es más fiable que la de la gravedad. Vuelvo al registro y cumplo solo media misión. Mientras, hablo tres o cuatro veces más con la que quiere venir mañana.

Son las 12 y pico, me está empezando a entrar cierta inquietud por la cena de esta noche. Me he encargado yo y no tengo nada. Cero. Niente. Que me encargue yo no implica que vaya a cocinar yo, así que me voy al Supermercado de El Corte Inglés, que la sección de platos preparados es maravillosa. Inocente de mi intento meter el coche en el parking. Me encuentro una cola de unos 20 coches. Bueno, no pasa nada, en la calle encuentro sitio fijo. Hmmm, parece que no. Me está dando la ligera sensación de que no soy la única que no tiene aun la cena de nochevieja. Me rindo a la evidencia: estoy en Madrid, en Madrid esperar es una actividad habitual. Así que espero para aparcar en otro parking, espero mi número en los encurtidos, espero mi número en los platos preparados, espero mi número en la panadería y espero y espero en la caja para pagar.

Llego a tomar el aperitivo una hora y pico más tarde de lo que había calculado. Creo que tengo los ritmos campestres muy metidos en el cuerpo. Mientras que voy a donde había quedado, veo una luz naranja en el salpicadero, que no debía estar encendida. ¡Coño, que es la del motor! Esa que dice en las instrucciones que pares inmediatamente y llames a la grúa. ¿El día 31? ¿Teniendo que volver mañana a La Vera a trabajar? No, es inconcebible que me pase esto. Lo aparco, me tomo una cañita de fin de año con mis arpías, y seguro que cuando vuelva a arrancarlo ya no se enciende nada. Pues no. Cuando arranco unas horas después, la luz sigue ahí. Naranja. Brillante. Terrorífica. Vuelvo a casa de mis padres, rezando porque el trayecto no sea tan largo como para terminar de cargarme el coche. Buscando el camino más corto, me encuentro con la San Silvestre. Mierda de moda runner, ¿qué no tienen nada mejor que hacer que correr con el día tan feo que se está poniendo? Un lado de mi cabeza reza, otro ya se imagina teniendo que comprar un coche ultrabarato de segunda mano y pidiendo un préstamo a mi hermana. Otro refunfuña y maldice la hora en la que decidí venir a pasar la Nochevieja aquí. Otro le contesta que lo has hecho porque no querías que tus padres la pasaran solos. Otro, ligeramente más practico, evalúa posibilidades de acción. Con este panorama sólo me quedan un par de neuronas para conducir, justo lo contrario de lo que recomienda la DGT.

La opción elegida es que mis sobrinos me dejen su coche. Problemita, viven en Colmenar Viejo a 30 kilómetros. Mi sobrina me hace el favor de bajar, sube a casa. Son las 19:30 cuando llega. Mi padre decide desmayarse un poco. ¡Que afán! Mi madre se quiere venir con nosotras, y como tiene la cabeza regulera y el viaje se le hace largo, nos ponemos a cantar. Nos sorprende con estrofas guarras de la Tarara. Jarrrr. Sólo falta un travesti para que esto se convierta en una película de Almodóvar.

Vuelta para Madrid, llegamos casi a las 21:30. Menos mal que preparar la cena consiste en emplatar (no cocino, pero conozco este término desde Arguiñano, mucho antes de Masterchef). Paso un rato largo decidiendo qué ponerme para la noche: es complicado elegir entre el pijama rosa o el de rayas.

1 de enero de 2016

Empiezo el día esperando a la grúa en unas calles prácticamente desiertas. Mientras que lo están subiendo, viene una espontánea a echar la bronca al conductor. ¡Pero qué es día 1! ¡Qué el día 1 no hay coches! Así un rato. Hasta que cae en el dato “lo mismo está roto” Y me mira. “¿Es tuyo? Qué pena. Pero tienes metro y autobús ahí al lado para ir a donde quieras”. Parece que el surrealismo continúa.

Me pongo en marcha en el coche que me han dejado. Glorieta de Quevedo; a 1.900 metros y 4 minutos de distancia de donde estaba. Un control de la policía. Me hacen señas para que pare. Inconcebible. Le doy los papeles, mientras que digo que el coche no es mío. Me pregunta a nombre de quien está y no lo se. Como a cámara lenta dirijo la mirada arriba a la derecha, a la pegatina de la ITV. Lo veo: un 15 grande como una casa. La tenían que haber pasado hace dos semanas. Ya está. Ha llegado el punto en que no se si llorar histérica, reír histérica o todo a la vez, pero histérica. Le cuento mi triste historia, que tengo que ir a trabajar y que acabo de dejar mi coche subido en una grúa. Parece que entiendo el significado de inconcebible tan mal como Vizzini, porque para el policía ha sido bastante concebible cascarme la multa. No me importa mucho, porque va para el padre de las criaturas, que desapareció hace 6 años. Eso si, me recuerda amablemente que si tengo un accidente el seguro no me lo cubre, y que 14 abogados de Mapfre sedientos de sangre, me perseguirán con saña para arrancarme las entrañas.

Con el alma llena de paz y gozo consigo salir de Madrid sin más incidentes. Pongo el Concierto de Año nuevo. Me hago pis, pero no paro, porque decido que termina a la una y no quiero perderme el Danubio Azul, que es lo que me gusta. Media hora después valoro entre el concierto o que me estalle la vejiga y paro. Momento que elige alguien para llamar al teléfono del trabajo. De verdad, ¿quien llama el día 1 de enero para apuntarse a unas vacaciones que empiezan ese mismo día?

Por fin, mientras conduzco por dehesas a reventar de flores amarillas de primavera, suena la marcha Radetzky. Ahora si que empieza el 2016, que después del ajetreo sólo puede ir a mejor. De momento los tres primeros días han sido estupendos :-).

3 Comentarios

  1. Jajajajajajajajaj muy buen fin y comienzo de año, con lo del 15 en la pegatina ya la risa a pasado a descojone!!!!

    Responder
    • Jejejejeje, fue todo tan surrealista que hasta yo me reía mientras me iba pasando 😉

      Responder
  2. jajajaja ya te leí, ya… cuando yo creía que había tenido un comienzo de año ‘raro’ :op
    Bueno… lo importante es cómo acaba
    Un abrazo y sigue sacándonos una sonrisaaaaaaaaaaa :o)

    Responder

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Haciendo cookies

Las cookies normalmente me las como, pero en la web las uso propias y de terceros para mejorar tu navegación. Entiendo que si sigues es porque estás de acuerdo. Aquí tienes la política de cookies, por si quieres leerla.plugin cookies

A %d blogueros les gusta esto: